Seguidores

22 oct. 2013

Dejarse llevar.

Y allí estaban los siete amigos, en una noche de verano, sentados en algún parque de algún pueblo recóndito, a la luz de la Luna.
-Ven, Rebeca, te quiero enseñar algo.
Dice uno de los amigos, y todo sueltan una pequeña risa, pero tanto Rebeca como Dani se levantan y se alejan un poco del grupo.
-No sé por qué sigues utilizando la excusa de que me vas a enseñar algo, ya todos saben que hay algo entre nosotros.
-Bueno, déjame darle este toque de magia a la situación.
Rebeca le mira a los ojos por un instante, sonríe y desvía la mirada.
-No me puedo creer que después de todo el tiempo que hace que nos conocemos, te siga dando vergüenza mirarme a los ojos.
-Jo, ¿qué quieres? Ya sabes que soy muy tímida.
-Y tú ya sabes que me encanta que lo seas, pero que me encanta más aún cuando hago que esa timidez se esfume.
-En verdad nunca se va, pero intento disimularla mejor.
-¿Ah, sí? ¿Y cómo haces para disimularla?
Le pregunta Dani rodeando la fina cintura de la chica con los brazos, y ella, inevitablemente, se sonroja.
-No sé, me dejo llevar por el momento.
-Bueno, en ese caso, te quiero enseñar algo, tú si quieres te puedes dejar llevar.
Y quitó una de las manos de su cintura para cogerle la cara, y la besó.

Él disfrutaba el momento, ella simplemente se dejaba llevar.

18 oct. 2013

Es domingo y hace frío.

Es domingo y hace frío, día perfecto para quedarse en casa viendo una película y comiendo palomitas, y sin embargo, eso es lo que menos le apetece hacer a Marta, así que se pone las botas y el abrigo, y sale a la calle, dando un portazo que hace que retumbe todo el pequeño edificio.
Pasea por las desconocidas calles de Madrid, sin prisa, apenas se ha peinado, y desde luego que no se ha maquillado, ya no tiene para quién peinarse, ni para quién maquillarse.
Llega al pequeño parque donde solía ir con él, y se sienta debajo de aquel pino en el que tan buenos momentos ha pasado, mientras recuerda una de sus bonitas conversaciones.

-¿Te das cuenta? No llevamos ni diez meses, y parece que nos conociéramos de toda la vida...
-Y todos los meses que nos quedan juntos...
-Siempre te lo he dicho, Marta, en cuanto te vi y me sonreiste... Es como si fueras lo que llevaba buscando toda mi vida.
-A mí no me pasó lo mismo, pero bueno, conseguiste enamorarme...
-Yo no soy para tanto como para enamorarte a primera vista, pero tú... Eres ese tipo de chica por el que te merecería la pena morir. No sé si me explico, pero daría la vida por ti, pequeña. Por verte feliz, sonriendo. Y es que, simplemente, conocerte, merece la pena, y besarte ya ni te cuento...
-Eres increíble, Carlos, ¿por qué no has aparecido antes?
-No lo sé, pequeña, he aparecido tarde, pero te juro que ya no me pienso ir.

"Pero te juro que ya no me pienso ir" sigue resonando en la cabeza de Marta. Ojalá hubiera sido verdad, o ojalá ella no hubiera creído semejante mentira.

16 oct. 2013

Curro.

Curro está en una habitación completamente blanca, y una fina sábana, también blanca, le cubre su ya débil cuerpo. No para de resonar el eco en toda la sala de la máquina que aún le mantiene con vida. En la silla que hay al lado de su cama, su mujer le mira, ha sido el hombre que más feliz la ha hecho, y, aún no siendo muy mayor, parece que su cuerpo deseara abandonar ya la vida. Se abre despacio, con cuidado, la puerta de la habitación, entran los tres hijos de Curro, la pequeña apenas puede mirar a los ojos a su padre sin derrumbarse, y es que aún es incapaz de encontrarle sentido a por qué él se tiene que ir, y por qué tan pronto.
El reloj de su único hijo varón suena, son las seis en punto de la tarde.
Un doctor entra precipitadamente en la habitación, y pide a los cuatro familiares que salgan de la sala, ya que se lo llevan a quirófano, ya no se puede hacer casi nada con el tumor; a pesar de haber intentado meses y meses vencerlo con quimioterapia, él quería seguir en ese cuerpo, ese cuerpo que ya no tenía fuerzas ni para expulsarlo, ni para seguir viviendo.
Sacan la camilla de la habitación, su mujer le agarra con fuerza la mano y le da un suave beso en los labios. Los hijos le dan un beso en la mejilla, Eva, la pequeña, es la última en dárselo, y antes de separarse, le susurra un suave "te quiero" al oído de su padre.
Curro, casi sin aliento, hace un amago por sonreír, lo que hace que una lágrima se resbale por el joven rostro de su hija. Y se lo llevan a quirófano.
El reloj de Luis suena otra vez a las siete, y justo unos segundos después de que suene a las ocho, el doctor sale del quirófano.
Curro lo ha intentado hasta el último momento, y ese "te quiero" de su pequeña le dio fuerzas, pero no las suficientes.

Hasta siempre, Curro.

7 oct. 2013

Trece.

No sé por qué la gente se queja tanto del número 13. No era ni martes ni viernes, pero un caluroso lunes 13 me cambió la vida.

Sí, ese día me cambió, sin más. Solo os diré que encontré, por casualidad, a una de las mejores personas que tengo ahora en mi vida y, ojalá, algún día encontréis alguien la mitad de increíble que él, que no es poco. Y, entonces, entenderéis de lo que hablo. Y sabréis lo que es sonreír con cualquier cosa que te diga, y experimentaréis esa inevitable felicidad al despertarte y ver un mensaje suyo -casi tan increíble como él- que lo escribió justo antes de dormirse. Y caes en que, posiblemente, se durmió pensando en ti. Y, disculpadme si alguien piensa lo contrario, pero esa es una de las mejores sensaciones del mundo -si no la mejor-.

Que dudo que exista algo que sé compare a los escalofríos que me provocaba con tan solo rozarme, o si existe algo que se compare al aceleramiento que sufría mi corazón cuando me sonreía o si, simplemente, existe algo que se le compare.

Que me miraba y era como si no quisiera nada más, como si todas mis necesidades estuvieran cubiertas, como si no hubiera nadie más en el mundo y, en ese mismo instante, se acercaba, me susurraba bebé al oído mientras me acariciaba la mejilla -y me hacía sentir verdaderamente como un bebé- y es que sus manos traviesas nunca se olvidan y, entonces, me besaba -disculpadme por ser tan cursi- pero creo que jamás existió paraíso mejor que sus labios. Y poco más.

Espero que algún día sepáis de lo que hablo cuando digo que el 13 es un número precioso.