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8 jul. 2015

Melancolía.

Cuántas veces han resonado en mi cabeza tus últimas palabras. Todavía me acuerdo de esa última mirada que me demostró lo poco que había significado para ti y de la rabia con la que tuve que contener mis lágrimas, de tu media sonrisa irónica y de mis ganas de echar a correr y huir. Ojalá preterir me resultase tan fácil como a ti.
Cómo no me di cuenta antes de que todo en lo que estuviéramos los dos implicados terminaría siendo una locura, he perdido tanto tiempo dándote todo, he malgastado tantas noches llorando pensando que esto podría llegar lejos y lo más lejos que llegamos fue a la cama. Pero quédate tú con todas esas noches porque yo ya no las quiero, no necesito nada que me recuerde todo lo que pudo ser y no llegó a ser. No creía que seguir sin ti fuera a resultarme tan arduo.
Ya no me valen las promesas, no me sirven las sonrisas falsas, ya no me merece la pena creer en nosotros. La de veces que he soñado con un futuro juntos, cuando una vida me bastó para darme cuenta de que me encantaría recorrer el mundo de tu mano, pero ya no. Nuestras manos hace ya tiempo que se soltaron. Tranquilo, querido, no te guardo rencor, ojalá llegues a ser feliz de verdad sin tantas necedades. Te olvidé por necesidad.