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31 jul. 2017

Perspectiva.

Llevaba meses queriendo olvidar todo lo que vivimos, que me resultase indiferente cruzarme contigo, hacer como si no nos conociésemos, rezaba por que ojalá no hubiéramos intercambiado nunca esa primera mirada, soñaba con no echarte ni de menos ni de más. Pensaba cuándo sería capaz de dejar de escribirte, de pensarte, de acordarme de todos los silencios en los que las sonrisas hablaban por nosotros.

Y, ahora, que por fin logro ver las cosas con un poco de perspectiva, ruego por no olvidar ninguno de nuestros momentos juntos, ninguno de nuestros besos, ninguno de mis escalofríos, ninguno de tus roces, ninguno de los guiños de ojos que me hiciste, ninguno de los "te quiero". No quiero siquiera olvidar los enfados, ni mucho menos las reconciliaciones.

Porque me has enseñado, me has enseñado lo que me gusta y lo que no, me has enseñado lo que quiero y lo que no, me has enseñado lo que me hace feliz y lo que no y, lo más increíble, me has enseñado a querer y a no dejar cabida al odio en mi vida.

Gracias por ser una mano amiga después de todo, por demostrarme cariño, por aparecer y salvarme cuando más oscuro me parece ver todo, por prestarme tu hombro para mi consuelo, por no dejar nunca de recibirme con los brazos abiertos. Gracias por haberme hecho y seguir dejándome que sea tan feliz.

Yo, que hubo un tiempo que quería odiarte y no podía, ahora te pido perdón y te agradezco todo lo que has hecho y sigues haciendo por mí.

Es un placer compartir mi vida contigo.