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11 ene. 2017

XIX y 20.

No quiero renunciar a tenerte en mi vida, quiero seguir concediéndome el placer de que estés a mi lado para siempre. Quiero que sigas siendo quien mejor me conoce y a quien le cuento todo sin pelos en la lengua. No quiero perderte porque me has enseñado a querer bien, me has demostrado lo bonito de la vida y has hecho siempre lo imposible por hacerme feliz.
Es una locura lo rápido que ha pasado el tiempo, parece que fue ayer cuando te estaba contando que las zapatillas que llevaba en realidad no eran unas Vans verdaderas y mira dónde hemos acabado, quién me diría que unas zapatillas de imitación iban a hacer que encontrase a la mejor persona que puedo tener en mi vida...
Pero, es que desde el principio lo noté, desde los primeros días tuvimos una conexión increíble, parecía que llevábamos toda la vida siendo amigos y lo mismo da que hablemos todos los días o una vez cada mes, porque nunca perdemos la confianza tan bonita que tenemos.
No te imaginas la rabia que me da haber tenido que pasar todos tus cumpleaños lejos de ti, pero te prometo que tarde o temprano un 11 de enero a las 12 de la noche apareceré delante de ti y podremos celebrarlo como te mereces, o al menos lo intentaré, porque te mereces tanto que no sé si voy a ser capaz de dártelo todo.
Por haber seguido ahí después de más de tres años, gracias. Todavía no me creo la suerte que tuve al encontrarte. No sé qué será de mí mañana ni dónde estaré, pero sé que sea como sea, te voy a seguir teniendo toda la vida conmigo.
Felices 20, bobo. Te quiero tanto que hace tiempo que las palabras se me quedaron cortas.
Te debo millones de abrazos, lo sé, pero algún día te los daré todos.

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