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23 feb. 2013

Llamada perdida.

Ayer te llamé, pero no lo cogiste. En parte me alegré, si hubieras contestado, no habría sabido qué decirte. Estuve toda la noche con el móvil en la mano, esperando que hubieras visto mi llamada perdida y me llamaras de vuelta. Pero creo que en tu vida soy eso, una llamada perdida que no merece la pena.

Fuimos felices, mucho. Nos complementábamos, tú me hacías feliz y yo a ti, o eso creo. Pero ya ha pasado demasiado tiempo, y nada es para siempre, o eso dicen. Habría estado bien estar toda la vida juntos, pero se nos hizo imposible. Sólo nos venían baches, ninguna cuesta abajo para coger carrerilla, así que decidimos abandonarnos, cada uno sería, o al menos intentaría ser, feliz por su cuenta.

Tú lo conseguiste, la encontraste a ella, más hecha a tu medida, y en ese momento, me di cuenta de lo que realmente pasó, fuiste tú el que me dejaste abandonada a mi, yo quería seguir con toda esa locura. Quería seguir viéndote todos los días, besándote siempre que quisiera, pasando juntos todas las noches posibles, pero tú no me dejaste, quisiste que fuera una simple llamada perdida en un día de invierno cualquiera.

Lo intenté, juro que intenté sacarte de mi cabeza, pero no podía, así que probé a borrar tu huella de mi pasado. Quemé todas las fotos que tenía tuyas y borré todas las que tenía en el móvil. Corté toda la comunicación posible contigo, parecía que iba avanzando, pero un día te vi paseando con ella por la calle de la mano y se me volvió a caer el alma al suelo. Como era de esperar, tú ni me miraste, así que reprimí las lágrimas e intenté aparentar cierta felicidad.

Cuando llegué a casa no me lo pensé dos veces, hice las maletas, guardé todas mis cosas y me propuse irme, lejos, y aquí me tienes, en mi nueva casa, después de dos años. Feliz, completamente feliz. Con gente que de verdad me quiere y me aprecia.

Hoy, estando de fiesta, he mirado mi móvil, pero lo he vuelto a guardar enseguida, era una simple llamada perdida.

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